Sobre esas personas de todos los días.

06/03/2012 § 5 Comments

Luego de unas largas vacaciones laborales, una vuelve renovada a las andanzas de los viajes cotidianos, anécdotas de las oficinas y de esos particulares rostros que se suelen ver todos los santos días. Hablo especialmente a la mañana, cuando uno va al trabajo porque todos salimos a la misma hora para tomar ese colectivo o alcanzar ese tren que nos deja bien para llegar a horario.

 

Tengo la particularidad de tomarme un colectivo expreso directo desde zona sur hasta Palermo, que me deja a un par de cuadras de mi trabajo (son 6 exactamente), cuadras que por la mañana son las más largas del universo, sobre todo esa cuadra de la puerta del predio La Rural.

Pero no deseo abrirme e irme por las ramas, prefiero centrarme en el tema central en el que estaba pensando cuando dije “OMFG! Voy a escribir!! Es el momento!!” y hablo sobre esas personas con las que compartís el viaje TODOS los días porque resulta que ese colectivo, ese tren o ese subte es un relojito y siempre te tomas ESE transporte a ESA hora.

Particularmente me ha pasado que desde el primer día que viajo me encuentro al tomarme el bus con un muchacho demasiado llamativo, especialmente cuando lo veo de espaldas (no es por nada en particular, solo que me llaman la atención los chicos altos y espaldudos, entonces, al poseer estas dos cualidades, me derrito).

Ahora bien, pongámonos en contexto: 7:20 de la mañana, colectivo llenísimo, verano tirando a otoño. ¿Qué pasa cuando resulta que esta situación se mantiene de lunes a viernes durante 1 hora y media todos los días? Yo lo miro, él me mira, nos miramos. Es una hora y media donde soy yo y mi ser. Yo, mi ipod y mi vista perdida en un paisaje no demasiado agradable. Yo y mis preguntas de quien será ese chabón con el que viajo todos los días y me llama tanto la atención, preguntas que responderían cosas como de qué trabaja o qué hace, si va o viene de trabajar, cómo se llama (tiene cara de Roberto), qué edad tendrá.

Mientras todo eso sucede en mi cabecita llena de pocas preocupaciones, sé que existe un mundo exterior donde hay personas a mi alrededor que seguramente pueden llegar a mirarme y a las cuales ocasionalmente miro.

Entonces, este tal “Roberto” y los demás se tienen que fumar mis expresiones y exteriorizaciones causadas por el ambiente. Déjenme aquí hacerles una pequeña reseña para que todo sea un poco más gráfico.

Situaciones vividas (al menos de mi parte): cara de culo al estilo “por qué está tan lleno el colectivo, esta gente de mieRRRRRdaaaa!”. Cara de dormida de “anoche no me tendría que haber quedado viciando tanto en (inserte red social aquí)”, cara de “por qué carajo nadie abre una puta ventana?” mientras, gracias al calor y la transpiración, te sentís una catarata humana. Cara de “necesito un asiento ya, por favor, que alguien se baje” (al borde del llanto) los días que estreno zapatos nuevos.

Algo me dice que nadie se da cuenta de estas cosas que le suceden a una mientras viaja “zipeada” en un colectivo lleno de gente, mucho menos ese tal “Roberto”.

Debería llevarme un libro para leer y dejarme de pensar pelotudeces.

A lo que voy es que… todo esto es al re pedo, porque total, todos los días se baja en Villa del Parque, lo veo caminar por la calle mientras me alejo en el colectivo y pienso “que pinta de boludo que tiene”.

Advertisements

Where Am I?

You are currently browsing the Uncategorized category at Marcelaflux.